miércoles, 17 de septiembre de 2008

EL RELOJ PARADO A LAS SIETE

Cold Comfort - Rob Gonsalves-

Hay en una de las paredes de mi cuarto un hermoso reloj antiguo que ya no funciona. Sus manecillas detenidas casi desde siempre, señalan imperturbables la misma hora: las siete en punto. Casi todo el tiempo, el reloj es sólo un inútil adorno en una blanquecina y vacía pared. Sin embargo hay dos momentos en el día, dos fugaces instantes en que el viejo reloj parece resurgir de sus cenizas como un ave fénix.

Cuando todos los relojes de la ciudad, en sus enloquecidos andares marcan las 7 y los cu-cu y los gong de las demás máquinas hacen sonar por 7 veces su repetido canto, el viejo reloj de mi habitación parece cobrar vida. Dos veces por día, a la mañana y a la noche, el reloj se siente en absoluta armonía con el resto del universo.

Si alguien mirara el reloj solamente en esos dos momentos, diría que funciona a la perfección... Pero pasado ese instante, cuando los otros relojes han acallado su canto y las manecillas siguen sus monótonos caminos, mi viejo reloj pierde su paso y permanece fiel a aquella hora que alguna vez detuvo su andar.

Y yo amo ese reloj y cuanto más hablo de él, más lo amo, porque cada vez me siento más parecido a él- También yo estoy parado en un tiempo, también yo me siento clavado e inmóvil, también yo soy de alguna manera un adorno inútil en una pared vacía. Pero tengo también fugaces momentos en que, misteriosamente, llega mi hora.

Durante esos tiempos, yo siento que vivo. Todo está claro y el mundo se transforma en maravilloso. Yo puedo crear, soñar, volar, decir y sentir más cosas en esos instantes que en todos los otros momentos. Estas conjunciones armónicas se dan y se repiten una y otra vez, como una secuencia inexorable. La primera vez que lo sentí, traté de aferrarme a ese instante creyendo que podría hacerlo durar para siempre. Pero no fue así. Como a mi amigo el reloj, también a mí se me escapa el tiempo de los otros.

...Pasado estos momentos, los otros relojes que anidan en otros hombres, continúan su giro y yo vuelvo a mi rutinaria muerte estática, a mi trabajo, a mis charlas de café, a mi aburrido andar que acostumbro a llamar vida. Pero yo sé que la vida es otra cosa. Yo sé que la vida, la vida de verdad es la suma de aquellos momentos que aunque fugaces, nos permiten percibir la sintonía con el universo. Casi todo el mundo, pobre, cree que vive. Sólo hay momentos de plenitud y aquellos que no lo sepan e insistan en querer vivir siempre, quedarán condenados al mundo del gris y repetitivo andar de la cotidianeidad. Por esto te amo, viejo reloj, porque somos la misma cosa tú y yo.

-Giovanni Papini-

lunes, 15 de septiembre de 2008

APARIENCIAS

Mayte

Moses Mendelssohn, abuelo del conocido compositor alemán, distaba de ser guapo. Además de una estatura algo baja, tenia una grotesca joroba.
Un día visito a un mercader de Hamburgo que tenia una hermosa hija llamada Frumtje. Moses se enamoro perdidamente de ella, pero a ella le repelía su apariencia deforme. Cuando llego el momento de despedirse, Moses hizo acopio de su valor y subió las escaleras hasta donde estaba el cuarto de aquella hermosa joven, para tener la ultima oportunidad de hablar con ella. Era tan hermosa, pero a Moses le entristecía profundamente su negativa a mirarlo.
Después de varios intentos de conversar con ella, le pregunto tímidamente:
- Crees que los matrimonios se crean en el cielo?,
- Si - respondí ella, todavía mirando al suelo - Y tú ?...
- Si, lo creo - contestó -. Verás:
En el cielo, cada vez que un niño nace, el Señor anuncia con que niña se va a casar. Cuando yo nací, me fue señalada mi futura esposa.
Entonces el Señor añadió: "Pero tu esposa será jorobada". Justo en ese momento exclamé: "Oh, Señor, una mujer jorobada seria una tragedia, dame a mi la joroba y permite que ella sea hermosa". Entonces Frumtje levantó la mirada para contemplar los ojos de Moses y un hondo recuerdo la conmovió. Alargo su mano y se la dio a Moses, tiempo después, ella se convirtió en su esposa.....

viernes, 12 de septiembre de 2008

EL BUSCADOR

Alberto Pancorbo

Ésta es la historia de un hombre al que definiría como un buscador...
Un buscador es alguien que busca; no necesariamente alguien que encuentra.
Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando. Es simplemente alguien para el que su vida es una búsqueda.
Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Había aprendido a hacer caso riguroso de éstas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo. Así que lo dejó todo y partió.
Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos, divisó a lo lejos, Kammir. Un poco antes de llegar al pueblo, le llamó mucho la atención una colina a la derecha del sendero. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadores. La rodeaba por completo una especie de pequeña valla de madera lustrada.
Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar.
De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en aquel lugar.
El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.
Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de aquel paraíso multicolor.
Sus ojos eran los de un buscador, y quizá por eso descubrió aquella inscripción sobre una de las piedras:

Abdul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días.

Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que aquella piedra no era simplemente una piedra: era una lápida.
Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en aquel lugar.
Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de la lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla. Decía:

Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas.

El buscador se sintió terriblemente conmocionado.
Aquel hermoso lugar era un cementerio, y cada piedra era una tumba.
Una por una, empezó a leer las lápidas.
Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto.
Pero lo que lo conectó con el espanto fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los once años...
Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar.

El cuidador del cementerio pasaba por allí y se acercó.
Lo miró llorar durante un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.

-No, por ningún familiar- dijo el buscador-. ¿Qué pasa en este pueblo? ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué hay tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que les ha obligado a construir un cementerio de niños?
El anciano sonrió y dijo:
-Puede usted serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré...:
"Cuando un joven cumple quince años, sus padres le regalan una libreta como esta que tengo aquí, para que se la cuelgue al cuello. Es tradición entre nosotros que, a partir de ese momento, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta ya nota en ella:

A la izquierda, qué fue lo disfrutado.
A la derecha, cuánto tiempo duró el gozo.

Conoció a su novia y se enamoró de ella. ¿cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana? ¿Dos? ¿Tres semanas y media...?
Y después, la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso...¿Cuánto duró? ¿El minuto y medio del beso? ¿Dos días? ¿Una semana?
¿Y el embarazo y el nacimiento del primer hijo...?
¿Y la boda de los amigos?
¿Y el viaje más deseado?
¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano?
¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones?
¿Horas? ¿Días?
Así, vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos...Cada momento.

Cuando alguien se muere,
es nuestra costumbre
abrir su libreta
y sumar el tiempo de lo disfrutado
para escribirlo sobre su tumba.
Porque ese es para nosotros
el único y verdadero TIEMPO VIVIDO".

Cuentos Para Pensar -Jorge Bucay-

jueves, 11 de septiembre de 2008

HE APRENDIDO

Diego Hernández Estopiñán
He aprendido que los héroes son personas que hacen lo que se tiene que hacer cuando debe ser hecho, sin importar las consecuencias.
He aprendido que aprender a perdonar requiere práctica.
He aprendido que hay gente que te quiere mucho pero que no sabe como demostrártelo.
He aprendido que el dinero es un pésimo indicador de valor de algo, y mucho peor de alguien.
He aprendido que mi mejor amigo y yo podemos hacer de todo o nada y pasarlo bien.
He aprendido que a veces la gente que esperabas que te pisara cuando estabas caído es la que te ayuda a levantarte.
He aprendido que una amistad verdadera continua creciendo aún en medio de una gran distancia. Igual sucede con el amor verdadero.
He aprendido que tan sólo porque alguien no te ama de la manera que quieres que te ame, no significa que no te ame con todo lo que tiene.
He aprendido que la madurez tiene más que ver con las experiencias que has tenido y lo que has aprendido de ellas y menos que ver con los cumpleaños que has celebrado.
He aprendido que no debemos cambiar de amigos si entendemos que los amigos cambian.
He aprendido que tu familia no siempre estará ahí para ti. Parecerá extraño, pero gente que no está vinculada a ti puede cuidarte y amarte y enseñarte a confiar en las personas otra vez. Las familias no son biológicas.
He aprendido que sin importar lo bueno que sea un amigo, puede herirte de vez en cuando y debes perdonarlo por eso.
He aprendido que no siempre es suficiente ser perdonado por los otros. A veces debes aprender a perdonarte a ti mismo.
He aprendido que no importa que tu corazón esté roto, el mundo no se detiene por tu dolor.
He aprendido que nuestro pasado y circunstancias pueden haber influido en quienes somos pero somos responsables de quien seremos.
He aprendido que sólo porque dos personas discutan no significa que no se amen y tan sólo porque no discutan no significa que lo hagan.

domingo, 7 de septiembre de 2008

MUERE LENTAMENTE...

Loly Criado Plaza

Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos, quien no cambia de marca, no arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.
Muere lentamente quien evita una pasión, quien prefiere el negro sobre blanco y los puntos sobre las "íes" a un remolino de emociones, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los bostezos, corazones a los tropiezos y sentimientos.
Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.
Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en sí mismo.
Muere lentamente quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar.
Muere lentamente, quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante.
Muere lentamente, quien abandona un proyecto antes de iniciarlo, no preguntando de un asunto que desconoce o no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.
Evitemos la muerte en suaves cuotas, recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor que el simple hecho de respirar.
Solamente la ardiente paciencia hará que conquistemos una espléndidafelicidad.

-Pablo Neruda-

A VECES LA APARIENCIA NO LO ES TODO...

Alberto Pancorbo

John Blanchard se levanto de la banca, aliso su uniforme de marino y analizó a la muchedumbre que hormigueaba en la Gran Estación Central de Nueva York. Buscaba a la chica cuyo corazón conocía, pero cuya cara no haba visto jamas, la chica con una rosa en su solapa.
Su interés en ella haba empezado trece meses antes en una biblioteca de Florida. Al tomar un libro de un estante, se sintió intrigado, no por las palabras del libro, sino por las notas escritas a lápiz en el margen. La suave letra reflejaba un alma pensativa y una mente lucida. En la primera pagina del libro, descubri el nombre de la antigua propietaria del libro, la seorita Hollis Maynell.
Invirtiendo tiempo y esfuerzo, consigui su direccin. Ella viva en la ciudad de Nueva York. Le escribió una carta presentndose e invitándola a cartearse.
Al día siguiente, sin embargo, fue embarcado a ultramar para servir en la Segunda Guerra Mundial. Durante el año y el mes que siguieron, ambos llegaron a conocerse a través de su correspondencia. Cada carta era una semilla que caía en un corazón fértil; un romance comenzaba a nacer.
Blanchard le pidió una fotografía, pero ella se rehuso. Ella pensaba que si él realmente estaba interesado en ella, su apariencia no debía importar.
Cuando finalmente llego el día en que el debía regresar de Europa, ambos fijaron su primera cita a las siete de la noche, en la Gran Estación Central de Nueva York. Ella escribió: "Me reconocerás por la rosa roja que llevaré puesta en la solapa." Así que a las siete en punto, él estaba en la estación, buscando a la chica cuyo corazón amaba, pero cuya cara desconocía.
Dejare que el señor Blanchard relate lo que sucedió después:
"Una joven venía hacia mi, y su figura era larga y delgada. Su cabello rubio caía hacia tras en rizos sobre sus delicadas orejas; sus ojos eran tan azules como flores. Sus labios y su barbilla tenían una firmeza amable y, enfundada en su traje verde claro, era como la primavera encarnada. Comencé a caminar hacia ella, olvidando por completo que debía buscar una rosa roja en su solapa. Al acercarme, una pequeña y provocativa sonrisa curvo sus labios. 'Vas en esa dirección, marinero?' murmuro".
Casi incontrolablemente, di un paso para seguirla y en ese momento vi a Hollis Maynell. "Estaba parada casi detrás de la chica. Era una mujer de más de cuarenta años, con cabello entrecano que asomaba bajo un sombrero gastpies, anchos como sus tobillos, lucían unos zapatos de tacón bajo." "La chica del traje verde se alejaba rápidamente. Me senté como partido en dos, tan vivo era mi deseo de seguirla y, sin embargo, tan profundo era mi anhelo por conocer a la mujer cuyo espíritu me había acompañado tan sinceramente y que se confundía con el mío. Y ah estaba ella. Su faz pálida y regordeta era dulce e inteligente, y sus ojos grises tenían un destello cálido y amable. No dudé más. Mis dedos afianzaron la gastada cubierta de piel azul del pequeño volumen que haría que ella me identificara.
"Esto no sera amor, pero sera algo precioso, algo quizá aun mejor que el amor: una amistad por la cual yo estaba y debía estar siempre agradecido. Me cuadré, saludé y le extendí el libro a la mujer, a pesar de que sentía que, al hablar, me ahogaba la amargura de mi desencanto."
"Soy el teniente John Blanchard, y usted debe ser la señorita Maynell. Estoy muy contento de que pudiera usted acudir a nuestra cita. Puedo invitarla a cenar? La cara de la mujer se ensanchó con una sonrisa tolerante. 'No se de que se trata todo esto, muchacho,' respondió, 'pero la seorita del traje verde que acaba de pasar me suplicó que pusiera esta rosa en la solapa de mi abrigo. Y me pidió que si usted me invitaba a cenar, por favor le dijera que ella lo esta esperando en el restaurante que está cruzando la calle'
No es difícil entender y admirar la sabidura de la señorita Maynell.
La verdadera naturaleza del corazón se descubre en su respuesta a lo que no es atractivo.
"Dime a quién amas," escribió Houssaye, "y te diré quin eres."

CÓMO CRECER?

Jim Warren

Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo.
El Roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el Pino.
Volviéndose al Pino, lo halló caído porque no podía dar uvas como la Vid. Y la Vid se moría porque no podía florecer como la Rosa.
La Rosa lloraba porque no podía ser alta y sólida como el Roble. Entonces encontró una planta, una fresia, floreciendo y más fresca que nunca.
El rey preguntó:
¿Cómo es que creces saludable en medio de este jardín mustio y sombrío?
No lo sé. Quizás sea porque siempre supuse que cuando me plantaste, querías fresias. Si hubieras querido un Roble o una Rosa, los habrías plantado. En aquel momento me dije: "Intentaré ser Fresia de la mejor manera que pueda".
Ahora es tu turno. Estás aquí para contribuir con tu fragancia. Simplemente mirate a vos mismo.
No hay posibilidad de que seas otra persona.
Podes disfrutarlo y florecer regado con tu propio amor por vos, o podes marchitarte en tu propia condena...

-Jorge Bucay-

viernes, 5 de septiembre de 2008

LA CASA DE LOS MIL PERRITOS

Imán Maleki

Se dice que hace tiempo en un pequeño y lejano pueblo, había una casa abandonada. Cierto día, un perrito, buscando refugio del sol, logro meterse por un agujero en dicha casa. Una vez dentro, llego a una habitación en la cual había mil perritos mas.
El perrito del cuento comenzó a mover la cola y a levantar sus orejas poco a poco.
Los otros mil perritos hicieron lo mismo. Posteriormente nuestro perro sonrío y le ladro alegremente a uno de ellos. Y se quedo sorprendido al ver que los mil perritos también le sonreían y ladraban alegremente con el.
Cuando salió de la habitación, el perito del cuento se quedo pensando:
"!Que lugar tan agradable! !Voy a venir mas seguido a visitarlo!"
Tiempo después, otro perro callejero entro al mismo sitio, pero a diferencia del anterior, este perrito, al ver a los otros mil perritos se sintió amenazado ya que lo estaban mirando de manera agresiva.
Empezó a gruñir; y de inmediato vio como los mil perritos le gruñían y ladraban a el también. Cuando este perro salió de la habitación penso: "!Que lugar tan horrible es este! !Nunca mas volver a entrar allí!"
Ninguno de los dos perros sabia leer, pero en el frente de la casa había un letrero que decía: "La casa de los mil espejos".
Todos los rostros del mundo son espejos. Decide cual rostro llevaras por dentro y ese será el rostro que mostrarás. El reflejo de tus gestos y acciones es lo que proyectas ante los demás, y ellos te devuelven de la misma manera.
No olvides pues, que eres responsable de la cara que pones.

EL ALPINISTA

Loly Criado Plaza

Cuentan que un alpinista, desesperado por conquistar el Himalaya, el pico nevado mas alto del mundo, inició su travesía después de años de preparación, pero quería la gloria para él solo, por lo tanto subió sin compañeros.

Empezó a subir y tras muchas horas de ascenso se le fue haciendo tarde, y más tarde, y no se preparó para acampar, sino que decidió seguir subiendo decidido a llegar hasta la cima, pero en eso le oscureció. La noche cayó con gran pesadez en la altura de la montaña, ya no se podía ver absolutamente nada. Todo era negro, cero visibilidad, no había luna y las estrellas estaban cubiertas por las nubes.

Subiendo por un acantilado, a sólo 100 metros de la cima, se resbaló y se desplomó por los aires... caía a una velocidad vertiginosa, sólo podía ver veloces manchas más oscuras que pasaban en la misma oscuridad y la terrible sensación de ser succionado por la gravedad.

Seguía cayendo... y en esos angustiantes momentos, le pasaron por su mente todos sus gratos y no tan gratos momentos de la vida... él pensaba que iba a morir, sin embargo, de repente sintió un fuerte tirón que casi lo partió en dos... Si, como todo alpinista experimentado, había clavado estacas de seguridad con candados a una larguísima soga que lo amarraba de la cintura.

En esos momentos de quietud, suspendido por los aires, no le quedó más que gritar: "Ayúdame Dios mío".

De repente una voz grave y profunda de los cielos le contestó: "¿Qué quieres que haga?"...

"Sálvame, Dios mío" replicó el alpinista. "

¿Realmente crees que te puedo salvar?"...

"Por supuesto Señor", contestó.

Después de una ligera pausa la voz respondió: ";Entonces corta la cuerda que te sostiene"...

Hubo un momento de silencio y quietud... y el alpinista se aferró más a la cuerda y reflexionó... Siempre supe que lo de Dios no era cierto, yo tengo años escalando montañas y lo que he aprendido en todo este tiempo es que nunca uno debe desprenderse de la cuerda que nos esta salvando la vida, esta cuerda es lo único real que tengo y no voy a dejarla por nada.

Cuenta el equipo de rescate que al día siguiente encontraron colgado a un alpinista congelado, muerto, agarrado con fuerza, con las manos a una cuerda... A solo un metro del suelo...

Y tú ¿Qué tan aferrado estás de tu cuerda?

CUÁNTOS AÑOS TENEMOS

Rob Gonsalves
En cierta ocasión alguien preguntó a Galileo Galilei: Cuantos años tiene su señora? "Ocho o diez" - repuso Galileo en evidente contradicción con su barba blanca. Y luego explicó: "Tengo, en efecto, los años que me quedan de vida; los vividos no los tengo, como no se tienen las monedas que se han gastado."Crecemos en sabiduría si valoramos el tiempo como Galileo. Decimos con asombro:Cómo pasa el tiempo! Pero en realidad somos nosotros los que pasamos. El astrónomo italiano sabía que estamos de paso. Somos peregrinos y es bueno pensar en la meta que nos espera. La certeza de que nuestro caminar y terreno tiene un final, es el mejor recurso para valorar más cada minuto. Así podemos aprovechar lo único que tenemos:

EL PRESENTE.

Conviene disfrutar cada día como si fuera el último. El ayer ya se fue y el mañana no ha llegado;
Aprovecha el Hoy!

Eres realista, cuando aquí y ahora eliges lo mejor para ti y los demás, y cuando tu felicidad consiste en hacer felices a otros.